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| Igino Giordani |
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Giordani: un nuevo paso en el proceso de beatificación
“Un testigo lleno del Espíritu de Dios”, de este modo lo define el obispo de Frascati, Mons. Raffaello Martinelli. Concluida la fase diocesana, ahora continuará en sede vaticana
“Un hito para la Iglesia, para el Movimiento de los Focolares y para la diócesis”. De este modo definió el obispo de Frascati, Mons. Raffaello Martinelli el proceso de beatificación en curso de Igino Giordani, que ahora continuará en sede vaticana. Interviniendo en la ceremonia conclusiva de la fase diocesana, presidida por él este domingo 27 de septiembre, el recientemente elegido obispo, en su primer acto oficial, recordó de Giordani el sobrenombre que le dió Chiara Lubich, la fundadora de los Focolares: Foco, “porque - dijo - estaba lleno del Espíritu de Dios que lo empujaba a ser testigo por todas partes”.
La ceremonia tuvo lugar en el marco del Centro internacional de los Focolares, en Rocca di Papa (Roma, Italia), donde descansan sus restos mortales y los de Chiara. Aquí vivió Igino Giordani, después de la muerte de su querida esposa, Mya, los últimos 6 años de su vida.
El trabajo de investigación ha durado 4 años: ha producido 2.500 páginas de actas, con el estudio de históricos y teólogos de los 100 libros, 4.000 artículos y 16.000 páginas inéditas. Para el Juez del Tribunal, Mons. Francesco Tasciotti ha sido un trabajo no sólo jurídico, sino sobre todo espiritual: “Hemos descubierto - ha dicho - una personalidad tan rica y múltiple, desde el punto de vista católico, universal, que supo comprender y vivir plenamente la vocación cristiana en sus diferentes formas”.
La figura de Giordani ha sido delineada por la Presidente de los Focolares, Maria Voce. Ha trazado, a grandes rasgos, el papel desarrollado en la Iglesia, anticipándose al Concilio sobre los temas del laicado y del ecumenismo, tanto que hubo quién le citó como Padre Giordani, pensando que “por lo menos, tenía que ser jesuita”. Giordani “fue padre sí, pero de 4 hijos” y consiguió “su formación directamente de los Padres de la Iglesia y de la vida de los santos”. De igual relieve es su compromiso político “vivido desde el nacimiento del Partido Popular al lado de Sturzo” y “sus batallas a favor de la democracia y la libertad en los años del régimen totalitario”.
Un rico bagaje que desemboca en una página nueva, quizás menos conocida, sobre la que se detiene Maria Voce: se abre con “el singular encuentro de Igino Giordani con Chiara Lubich” en 1948, 5 años después del nacimiento de los Focolares. Giordani representa para la fundadora de los Focolares “la humanidad”, esa humanidad “destrozada por las guerras, revuelta por las divisiones mundiales, angustiada por el materialismo y que sedienta de comunión y fraternidad, grita la necesidad de unidad”. La misma Chiara dijo que él “tenía, más que ningún otro, una gracia especial” para comprender la novedad y amplitud del carisma de la unidad que Dios le había donado y de lo que podía significar en la historia de la familia humana. La fundadora de los Focolares lo considera “la semilla de todas las vocaciones laicales” que, poco a poco, se han desarrollado en el Movimiento. Lo reconoce como “cofundador”.
Tales frutos no podían ser engendrados, sino con el precio de las virtudes heroicas, que han tenido un primer reconocimiento del Tribunal Eclesiástico Diocesano. A éste seguirá la verificación por parte del Vaticano.
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