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Cómo cambia la Parroquia
Cuando la espiritualidad de la unidad es vivida en una parroquia por sacerdotes y laicos no se nota exteriormente un cambio en las estructuras de organización, sino que se percibe, sobre todo, en una atmósfera de fraternidad y de caridad que recuerda la que caracterizó a las primeras comunidades cristianas.
Sí, porque cuando se experimenta el amor de Dios y se practica el amor recíproco, la vida cambia. Como la luz cuando pasa a través de un prisma y se fracciona en los colores del arco iris, Así el amor da una tonalidad nueva a los diversos aspectos de la vida de cada uno y de la comunidad, tranformándola.
Nace la comunión de la bienes - Madura la exigencia de compartir: libremente se pone a disposición dinero, tiempo, talentos y también las necesidades. La comunidad atiende a la pobreza y a las urgencias sociales del territorio. También el Consejo de asuntos económicos se siente comprometido, de modo principal, en el servicio de la comunión de los bienes, para que en la comunidad no haya ningún necesitado.
Una nueva evangelización - El testimonio del amor mutuo, del Evangelio vivido, se extiende y convierte. Este estilo se refleja en el Consejo pastoral que es un campo de entrenamiento para la unidad entre los miembros y los distintos componentes de la parroquia en él representados.
Una liturgia viva – Fruto de la caridad fraterna, se siente la presencia tangible del Resucitado, tal como nos prometió “donde dos o tres estén reunidos en su nombre”, es decir, en su amor. El clima de alegría y de unidad que se respira, dones del Resucitado, vivifica la Asamblea litúrgica y aumenta la frecuencia en los sacramentos, de modo especial en la Eucaristía.
La comunidad se transforma en familia – Se aprovechan todas las ocasiones –vacaciones, acampadas, excursiones, fiestas– para acrecentar el espíritu de familia. Con frecuencia es toda la comunidad la que se interesa y visita a los enfermos. Los funerales se convierten en momentos donde prevalece la certeza de la Vida que continúa en el Paraiso.
Una casa para todos – Se cuida la armonía en la iglesia y en cada espacio de la parroquia, para que sea reflejo de la belleza que es Dios y sea casa agradable para todos.
Guiada por la Sabiduría - La catequesis está orientada a encarnar en la vida de cada día la Palabra y a incrementar la participación en la vida de la comunidad. Viviendo la Palabra, poco a poco se adquiere una nueva mentalidad más cercana al Evangelio.
En la comunidad todo circula, como en un cuerpo - Noticias, experiencias, sucesos. También los medios de comunicación se convierten en un instrumento de unidad, de comunión, como en una familia natural, donde se comparten alegrías, dolores, iniciativas, ideales.
Relaciones de comunión - Poco a poco las diversas relaciones –entre sacerdotes y laicos, entre jóvenes y adultos, entre asociaciones, movimientos y grupos– son más fraternales y adquieren la forma de la verdadera comunión.
Una comunidad abierta al diálogo - La comunidad parroquial, animada por la caridad, se abre al diálogo: ecuménico, con los miembros de otras religiones y con quien no comparte la fe religiosa. Un diálogo que hoy se presenta como una necesidad ineludible también para parroquias que siempre se resienten con la mobilidad de las personas y con la multiplicidad de credos y culturas en su territorio. Un diálogo, en todos las direcciones , que pretende suscitar relaciones de amistad y fraternidad universal.
Una experiencia similar a ésta que se raliza en las parroquias, se lleva a cabo también a nivel diocesano en algunas regiones italianas, produciendo frutos similares. |