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Ámbitos de actuación Economía de comunión
"El proyecto de la Economía de Comunión"  nace durante un viaje que Chiara Lubich hizo a Brasil en 1991 con el objetivo de ofrecer, aunque sea en estado embrionario, una respuesta al drama de la pobreza. Durante ese viaje Chiara se impresionó profundamente por el contraste entre la pobreza y la riqueza de las metrópolis brasileñas. Se dio cuenta de que hoy no bastan las formas tradicionales de beneficencia y de ayuda a los pobres. Era necesario, pues, un nuevo modo de producir y de distribuir la riqueza. Ella misma lo explicó con ocasión del doctorado honoris causa en Economía recibido en 1999 en la Universidad de Piacenza (Italia).
 
"La Economía de comunión propone comportamientos inspirados en la gratuidad, solidaridad y atención a los últimos -comportamientos que normalmente se consideran típicos de organizaciones no lucrativas- en empresas para las que es connatural la búsqueda del rendimiento. La Economía de comunión no se presenta tanto como una nueva forma de empresa, alternativa a las que ya existen; más bien quiere transformar desde dentro las estructuras normales de un empresa (sean sociedades anónimas, cooperativas o de otro tipo), dirigiendo todas las relaciones intra y extra empresariales a la luz de un estilo de vida de comunión; siempre respetando plenamente los valores auténticos de la empresa y del mercado (valores resaltados por la doctrina social de la Iglesia y particularmente por Juan Pablo II en su encíclica Centesimus annus)".
 
  La novedad de este nuevo modelo, al que se adhieren más de 700 empresas en todo el mundo, consiste en que los beneficios de las empresas se destinan por igual a:

- Sostener a las personas más desvalidas, satisfaciendo sus necesidades más elementales: alimento, alojamiento, salud, educación. Mientras, se les ayuda a buscar un modo de vida digno, incluso dándoles trabajo en alguna de estas empresas.

- Formar "hombres nuevos" abiertos a la "cultura del dar". Sin estas personas no se puede hacer realidad una Economía de comunión.

- Invertir en el crecimiento de la empresa.
 
En España también hay empresas de Economía de comunión, que desarrollan su actividad en distintos campos: Construcción, Mercadotecnia y comunicación, Producción de materiales plásticos, Consultoría (técnica, psicología, de personal y formación, médica, de calidad), Servicios asistenciales, Distribución alimentaria, Comercio de productos fitosanitarios, Hostelería, Reciclaje, Inmobiliaria, Instalaciones eléctricas y de sonido, Estaciones de servicio, Artículos de regalo, Fabricación y comercialización de vestidos de fiesta y de novia, de moda y de vestuario laboral, etc.

De especial importancia ha sido la fundación de la Asociación por una Economía de comunión en España, que cuenta ya con cuarenta asociados entre empresas, empresarios y estudiosos universitarios. Sin duda, esta Asociación cumple un importante papel para aunar los esfuerzos de las personas implicadas en la difusión de este proyecto, que pone a la persona en el primer lugar de la actividad económica.
 
 
 
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