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La "comunión"
es realmente la buena nueva,
el remedio que el Señor nos ha dado
contra la soledad que a todos nos amenaza hoy,
el don precioso que nos hace sentirnos acogidos y amados en Dios...
(Benedicto XVI)
Entre las nuevas corrientes espirituales suscitadas por el Espíritu Santo, para hacer resplandecer el rostro de la comunión en la Iglesia, está la espiritualidad de la unidad o de comunión, típica de los Focolares, espiritualidad comunitaria, fruto del amor recíproco que tiene como modelo la medida de Jesús, según el "mandamiento nuevo". Es un amor que lleva espontáneamente al don total de sí mismo -comunión de bienes espiritual y material- suscitando un nuevo estilo de vida que tenga la característica de la reciprocidad. Aquella reciprocidad que genera la presencia espiritual de Jesús, prometida por Él "a dos o más reunidos en su nombre" (cf Mt 18,20) y que hace experimentar los dones del Espíritu, como fuerza, ánimo, luz, amor.
Una espiritualidad que influye también en las personas llamadas a la vida consagrada, o al servicio pastoral del pueblo de Dios, como obispos y sacerdotes.
Los religiosos y religiosas, a través de ella, comprenden mejor a sus propios fundadores; redescubren sus reglas, alimentan una profunda unidad con sus superiores y producen una renovación en la vida de comunidad.
Los sacerdotes, viviendo en unidad entre ellos y con su obipso, experimentan la realidad de ser una familia espiritual, con grandes frutos para su ministerio. Ya en el año 1966 comenzaron a participar en las Mariápolis, en España. Hoy son muchos los sacerdotes que han hecho propia la espiritualidad de los Focolares, en más de una veintena de diócesis, con gran beneficio de sus presbiterios y comunidades parroquiales.
Este estilo de vida suscita vocaciones y ayuda también a los seminarios para convertirse en centros de irradiación.
También obispos, católicos y de otras Iglesias, se enriquecen con esta espiritualidad evangélica.
Iglesia comunión - A través del servicio pastoral de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, nacen nuevas comunidades vivas en las que resplandece la Iglesia-comunión, como sugiere la Novo Millennio Ineunte. Se realiza, además, la comunión deseada desde siempre entre los mismos Institutos religiosos, y con el clero diocesano y el laicado.

En 1966, como respuesta a un deseo expresado por el Papa Paolo VI, Chiara Lubich dio inicio al Movimiento Parroquial, invitando a las personas del Movimiento que prestan un servicio en la parroquia, para que animasen esta "célula de la iglesia" con el espíritu de la unidad: "es necesario profundizar y desarrollar la caridad dentro de las comunidades parroquiales, para que a través del fuego de Cristo puedan disolver el hielo del mundo, y mostrarse como un signo de unidad y verdadero testimonio de la Iglesia". Un programa que mostrará una perfecta sintonía con lo que el Papa Juan Pablo II indicó en la Novo Millennio Ineunte: "hacer de la parroquia casa y escuela de comunión".
Más información sobre:
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. Influencia en la comunidad parroquial
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